Caprichos de la imaginación

Un desayuno de campeones ordenás, y con tu propia lengua, te estrangulás”. Los personajes de Kurt Vonnegut en Desayuno de campeones también se estrangulan, como lo canta Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y lo hacen de hiperlucidez, de superlógicos, de ultracivilizados. Hay dos hombres que se conocen, Kilgore (escritor de ciencia ficción, pobre y Nobel de Medicina) y Dwayne (empresario de autos, rico y enloquecido por sustancias químicas que invaden su cerebro). Kilgore y Dwayne se cruzan al principio del libro y es cuestión del lector avanzar en flashback hasta donde no se conocían, ahí donde cada uno estaba metido en su universo íntimo y rabioso de imágenes que aparecen en las páginas.
En este libro, Vonnegut se propone lisérgico o de ciencia ficción, con una trama narrada a través de un Yo ajeno a la humanidad y que percibe aquello que se presenta como un acontecer robótico, donde hay seres nacidos como máquinas para ir a trabajar, máquinas para escribir, máquinas para entretener, etcétera. La lógica “vonnegutiana” hace zoom en los actos cotidianos que potenciados se revelan ridículos o puramente interesados: “En la Tierra las ideas eran emblemas de amistad u hostilidad. El contenido no importaba. Los amigos coincidían con los amigos, para expresar su amistad. Los enemigos disentían con los enemigos, para expresar su enemistad”.
La nota completa en http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/resenas/Caprichos-imaginacion_0_929907035.html

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