El último desnudo de Effy

piel_lezano_2_H_DCHA_TXT
foto Nora Lezano

El día que le dieron su DNI con el nombre de Elizabeth fuimos a festejarlo. Cuando nos sentamos lo sacó y lo puso sobre la mesa: quería que todos lo vieran. Estaba contenta, legalmente identificada. Ahora, cuando fuera al médico o a votar, tendrían la obligación llamarla Elizabeth Mía Chorubczyck. Entre los amigos, ella seguía prefiriendo que le dijeran Effy. Esa noche después de algún trago (recuerdo un Lady Madonna a base de gin) pensamos escribir un libro (“Mi nombre es Elizabeth”): narraríamos el recorrido desde que le pedí permiso para trabajar su obra en una tesis hasta que le dieron el documento. Mi plan de posgrado, incompleto, se llama “Arte y performance queer” y tiene varias carpetas dedicadas a ella. 

Algunas veces nos reuníamos en cafés, otras pactábamos encontrarnos un rato antes de las performances para hablar y tener detalles de cómo había sido la producción. Aunque nacimos casi el mismo año, ella tenía una sabiduría que para mi ruta en el devenir del género hacía de cada charla una clase magistral. Se tomaba su obra con la seriedad de un especialista y la soltura de los que tienen claro qué es lo que quieren transmitir. Aunque, se le veía en los ojos, a veces temblara por dentro, por fuera no titubeaba: el mensaje era una misión que no dejaba espacio al pánico de escena. 

La nota completa en http://revistaanfibia.com/cronica/el-ultimo-desnudo-de-effy/

Comentarios

Entradas populares