Fluidos trans: arte y performance queer
| foto Nora Lezano |
Cada mes, si el óvulo no es fertilizado por un espermatozoide, el útero expulsa el colchón de tejidos preparados para alojar al feto. Effy se extrajo medio litro de sangre -lo que una mujer menstrúa cada año- y la dividió en doce tarritos para performatizar sus menstruaciones, así: se encerró en un círculo frente al Congreso, tomó una copa cargada frente a un calvario, empapó tampones y los colgó en espacios públicos, bañó su pelo y se hizo mascarillas de sangre. Así, sin útero ni óvulos, produjo sus derrames.
El olor de la sangre, coagulándose, bajo el sol, colgando de teléfonos o rejas: un arte de líquidos, maquillaje y abanicos. Un arte queer.
La historia menstrual comenzó días antes de la noche del 31 de diciembre de 2010, cuando una parte de la familia de Effy le había pedido que no fuese a la fiesta de fin de año con ese vestido: un modelo gris ajustado al cuerpo, con manga de un solo lado y tachas bordeando el cuello. El problema no estaba en la tela sino en su tío, que no podía entender que Effy se quisiera vestir de mujer y no pudiese al menos ser un híbrido. La familia comió dividida: los que aceptaban el vestido por un lado y los que no por otro. Tiempo después, se lo volvió a poner y fue al Congreso, sacó uno de los tarros con su sangre, hizo un círculo y se quedó adentro unas horas.
Elizabeth Mía Chorubczyk nació lejos y con otro nombre. En Israel, donde la tierra es tan seca y el agua tan escasa que las plantas se riegan gota por gota, Effy vivió llamándose Mati hasta que la guerra del Golfo fue una realidad o un juego, un azar con el que aprendió a ponerse la máscara antigases y autoevacuarse. Entonces tenía cinco años y fue demasiado para sus padres, que decidieron volver a Argentina con Effy y su hermana.
Elizabeth Mía Chorubczyk nació lejos y con otro nombre. En Israel, donde la tierra es tan seca y el agua tan escasa que las plantas se riegan gota por gota, Effy vivió llamándose Mati hasta que la guerra del Golfo fue una realidad o un juego, un azar con el que aprendió a ponerse la máscara antigases y autoevacuarse. Entonces tenía cinco años y fue demasiado para sus padres, que decidieron volver a Argentina con Effy y su hermana.
La nota completa en http://revistaanfibia.com/cronica/fluidos-trans-arte-y-performance-queer/


Comentarios
Publicar un comentario