La ruta del calor

Tapa soy
En la entrada hay que sacarse todo, pagar un Evita y calzarse la toalla y las ojotas. Al principio se mira, se te tantea, se puede jugar al distraído. En los pasillos todo parece una gran casualidad, un “¡disculpame que te la toqué!”, “¡te apoyé sin darme cuenta!”. Al rato las caras ya son familiares y se va a lo directo. La lengua casi no se usa para hablar. La mayoría van solos y se internan. No se ven mujeres y en la parte más oscura siempre está la orgía. Ahí, el que deja la puerta abierta es porque invita a que se sumen los que pasen.
Entra uno que se masturba, llega otro que se la chupa y llega otro que se la pone. Después es como un juego primitivo de sensaciones: tan básico como la carne que roza la carne y la estimula. En ese ida y vuelta hay un código de respeto que no se rompe, porque si uno no tiene ganas de hacer algo, ya llegará otro que sí.
La nota completa en http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/subnotas/3517-451-2014-07-11.html

Comentarios

Entradas populares