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Foto: Leo Vaca

En el primer censo que se hizo en 1778 en el territorio de lo que sería Argentina, se contaron 92 mil afrodescendientes (negros y pardos) sobre un total de 200 mil habitantes: el 46% de la población. Argentina era negra. En el censo de 2010 se le preguntó a las personas si se creían afrodescendientes: 149.493 dijeron que sí. Según las organizaciones que los representan, las personas con origen africano serían dos millones. El asesinato en Buenos Aires del referente senegalés Massar Ba reabrió el debate sobre la discriminación, la violencia institucional y la invisibilización de los afrodescendientes que habitan la Argentina.

En coautoría con Omer Freixa

Hay diferentes versiones de lo que pasó la madrugada del siete de marzo, todas violentas. Lo que trascendió fue que los enfermeros de la ambulancia encontraron al referente senegalés Massar Ba con golpes en todo el cuerpo de la esquina de San José y México, en San Telmo, a la vuelta de su casa, y lo llevaron al hospital Ramos Mejía, donde murió unas horas después.

La autopsia mostró que no había heridas de defensa. Por lo que los forenses intuyen que una persona lo retuvo mientras otra o varias le pegaban. También están los registros de las cámaras callejeras yal menos una podría haber captado en pleno la situación, por la perspectiva donde está colocada. Como en varias oportunidades Massar denunció públicamente a la policía, no se descarta la hipótesis de la violencia institucional.

Lo que no trascendió, pero se dice en los pasillos del hospital, es que cuando Massar entró por la guardia en estado de shock lo habrían derivado a un psiquiatra que lo medicó. Creyeron que estaba loco. A las horas, se le inflamó el abdomen y lo subieron al quirófano, donde lo operaron dos veces. No era una inflamación cualquiera: al parecer tenía la cadera partida: nadie se había dado cuenta. Si esto se confirmara, la muerte entraría en el terreno de la mala praxis. La causa está en secreto de sumario.

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El 21 de marzo de 2016, afuera de la fiscalía de instrucción séptima, la calle Paraguay quedó cortada unos minutos y varios policías llegaron para proceder con el protocolo de protesta.

—¡Basta de violencia racista! —gritó Ndathie “Moustafá” Sene, presidente de la Asociación de Residentes Senegaleses en Argentina (ARSA).

Massar Ba había llegado al país a mediados de la década del 90 con un visado de turista que tramitó en Dakar. Se buscó la vida trabajando de lo que le pudo, creció como activista hasta ser director de la Casa de África y siguió de cerca los reclamos de sus compatriotas vendedores ambulantes.Se casó, se separó y tuvo una hija, que vive en Senegal. Después de que hace unos meses la policía lo desalojara de la casa que habitaba en Palermo, vivió en una pieza por San Cristóbal, donde compartía espacio con compañeros de varias nacionalidades. En el último tiempo se dedicaba a representar y difundir artistas como Emanuel “Manu” Ntaka: el cantante de dreaklocks que tuvo sus momentos de fama televisiva con el grupo Mambrú.




—¡Basta! —respondieron 150 personas.

—¡Justicia por Massar Ba! —siguió Sene.



En 1991, Massar Ba entró a la Universidad Cheikh Anta Diop, de Dakar, donde estudió Filosofía y Letras. Al llegar a Argentina estudió política, hotelería y gastronomía. En su currículum figura el título Toefel de inglés avanzado y también capacitaciones de castellano en la UBA. Sus habilidades de oratoria y de relaciones públicas no tienen título que las certifiquen, pero nadie en la comunidad afro discutía su dirección de la Casa de África.



—¡Justicia! —las voces como un mantra.



Desde el edificio de la fiscalía asomaron algunas cabezas para ver qué pasaba. Moustafá fue recibido junto a Carlos Álvarez, de la Agrupación Xangó, y Miriam Gomes, de la Sociedad de Socorros Mutuos Unión Caboverdeana. En la puerta, después de la reunión con el fiscal, Moustafá comunicó lo que hablaron:



—Massar Ba no tiene familia en la Argentina y Senegal no cuenta con representación diplomática en el país. Por eso los Residentes Senegaleses queremos que se nos acepte como querella, para aportar todos los datos, hacer un seguimiento y que se haga Justicia lo más rápido posible.



La movilización siguió hasta el palacio de Tribunales, donde se reiteró el pedido de ser querella en la causa de “muerte dudosa” que tramita en el juzgado N°35. Con el paso de los días ese reclamo sería negado dos veces. La respuesta judicial, al momento, es que la ARSA no especifica en su estatuto que está conformada para litigar. Pero como no hay organización de derechos humanos que haga esa salvedad, ya adelantaron que van a continuar con el pedido hasta que los acepten.

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Massar decía que los medios de comunicación no podían cumplir una mera función de máquina de difundir problemas: insistía en que desde su función comunicacional también podrían aportar para construir una imagen no estigmatizada de sus costumbres.

Con ese espíritu participó en 2015 de una mesa de trabajo en la Defensoría del Público junto a otros referentes, donde debatieron hasta llegar a una guía de buenas prácticas que se llamó “¿Qué decimos cuando decimos ‘negro’ en los servicios de comunicación audiovisual?”. En esa reunión, Massar pidió la palabra dos veces. La primera, para presentarse y decir que las sociedades que no reconozcan su pasado esclavista difícilmente podrán construir inclusión. La segunda reclamó visibilidad:

—La parte que difunden los medios de comunicación masivos es siempre la problemática que hay en lo negativo. Ya sabemos que los últimos meses hubo mucha persecución policial por la policía Metropolitana de la Ciudad y que algunos canales ponen imágenes bastante agresivas: hay una forma particular de difundir una imagen que puede ser ofensiva. Por otro lado, cuando pasan cosas positivas, directamente no nos dan las cámaras ni los micrófonos. Sería bueno empezar a rectificarlo.

El decálogo de buenas prácticas que ayudó a escribir Massar llama a evitar la vinculación de la palabra “negro” con prácticas ilegales y clandestinas, o con ideas y descripciones consideradas como socialmente negativas. También pide dar a conocer los significados e implicancias de la denominación “afro-descendiente” para que sean utilizadas en los medios.

¿Qué significa afrodescendiente? ¿Da lo mismo que decir ‘negro’? No. No da lo mismo.

La calificación de “negro”carga con una herencia de 10 millones de africanos esclavizados en América entre los siglos XVI y mediados del XIX. Como una alternativa al estigma de la palabra, hace 15 años se impuso el término “afrodescendiente” entre los participantes de la Primera Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia. En 2010, por primera vez dentro del censo nacional,se le preguntó a las personas si se creían afrodescendientes y 149.493 dijeron que sí. Aunque según las organizaciones que los representan, en Argentina las personas con origen africano serían dos millones.

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Si un inspector quiere incautar material durante un allanamiento, el procedimiento correcto incluye la lectura de derechos, el listado de los productos a llevar y después el secuestro de la mercadería para llevarla a un depósito habilitado. Los vendedores afro dicen que en su caso se resume al secuestro y la desaparición de los productos, sin decirles donde los llevan y en algunos casos haciéndolos firmar actas con amenazas a punta de pistola.

En la avenida Avellaneda, del barrio de Flores, la tensión entre manteros y policía tuvo un nuevo capítulo esta semana, que incluyó cortes de calles y corridas. Gothé, que llegó de Senegal hace tres años, explicó frente a las cámaras su situación:



—Me levanto todos los días a las cinco de la mañana para trabajar. Vine al país porque quiero una posibilidad y no hago nada malo. Pago el monotributo, compro la mercadería legal. Quiero ser feliz, que mi familia esté bien y por eso me vine a buscar trabajo. Allá arriba en esas ventanas con rejas hay talleres clandestinos, la gente está encerrada y no sale en todo el día, pero a ellos no les dicen nada.

Cuando las cámaras señalaron las ventanas, las personas que se veían a través de ellas desaparecieron. El territorio presenta todo un mapa de complejidades de precarización, abusos y evasiones. Los comerciantes que tienen locales y pagan por el alquiler sienten que la competencia con aquellos que ocupan la vereda, y no pagan, es desleal.



Entonces suena la frase, que corta como látigo:



—Negros de mierda.



También puede ser “judíos de mierda”, “chinos de mierda”, “paraguas de mierda”, “bolitas de mierda” y “rusos de mierda”: la culpa del capitalismo salvaje y las desigualdades caen en ese otro que está cerca y tiene a la cara que escupirle insultos.



El gobierno de la Ciudad había pautado con los manteros de Flores que les darían espacios en una feria por la Chacarita, pero la obra quedó paralizada por falta de habilitación. Ahora está terminando un galpón para alojarlos en Once, pero Gothé ya no les cree nada:



—El lugar que están construyendo tiene espacio para 80 puestos y somos unas tres mil personas las que trabajamos en la calle. Dónde nos van a meter a todos, ¿nos van a apilar?



En un operativo de enero de 2014, a Nar, Thierno y Macoeou, que compartían habitación en un conventillo de Balvanera, la Metropolitana les secuestró la mercadería en un allanamiento hecho a la madrugada y a la fuerza: entraron a todas las habitaciones del edificio, maniataron a menores y desnudaron a mujeres.



Según denunciaron los tres senegaleses, junto a otros 17, fueron obligados a firmar mientras les apuntaban con una pistola, y para peor no entendían los documentos porque no hablaban español: se manejaban en francés y wolof, una de las lenguas oficiales en su país.



Thierno, que hoy tiene 20 años, recibió órdenes de un inspector. La explicación fue breve:



—No hay nada que hablar, sólo tenés que firmar —contó que le dijo el hombre.



La Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires denunció por este allanamiento a la policía y a los funcionarios del gobierno porteño responsables. La Metropolitana informó que la orden salió del Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas N° 4, a cargo de Graciela Dalma, en el curso de una investigación por venta de mercancía ilegal en la vía pública.



Dos días después María Eugenia Vidal, hoy gobernadora y entonces vicejefa de la Ciudad, dio declaraciones al portal Infobae por las que se ganó una denuncia en el INADI.



“Cuando hay mafias, el Estado no se puede rendir. Nosotros venimos dando una pelea contra estas mafias desde hace mucho tiempo”, dijo Vidal refiriéndose a los vendedores ambulantes. “En el caso de Once además la instalación estaba desbordada y estaba facilitando la tarea delictiva de pungas, porque la gente tiene poco espacio para caminar”.

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Hace 20 años, en la misma guardia del hospital Ramos Mejía donde murió Massar, fallecía José Delfín Acosta Martínez, llamado desde entonces el “mártir negro del Río de la Plata”.

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