Foto: Sebastian Freire

A mediados de 2008 Lohana Berkins concretó la idea que venía gestando con un grupo de compañeras travestis y trans: generar una fuente de ingresos por fuera del destino común de la prostitución, sin patrones y con una estructura horizontal, donde el compromiso y la ganancia fuera para todas equitativa. Así nació la primera cooperativa T del país y del mundo, la Nadia Echazú, con unas 60 socias que aprendieron un oficio y comenzaron a producir tramas textiles que marcaron un camino. “No sólo resolvemos un problema económico y social, sino que corremos el velo de la hipocresía”, dijo en la inauguración Berkins, tomada de un brazo de la madrina del proyecto, la madre de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini. Desde entonces, el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) recibió a más de 20 cooperativas T en todo el país, que tuvieron mayor o menor éxito en su pelea por conseguir y mantener la clientela suficiente para ser rentables. 

Para fundar una cooperativa con todos los papeles en regla, primero hay que hacer un curso en el INAES, abrir una cuenta bancaria, tener contaduría y elegir una autoridad, más allá que todas las personas integrantes sean en efecto socias. Quitando excepciones, uno de los requisitos es contar con diez asociados, de los cuales cada cual tiene un voto a la hora de tomar cada decisión. Si el INAES lo aprueba, se concede una matrícula, a través de la que se puede pedir subsidios -en los últimos meses, cada vez más escasos- para darle cuerda al emprendimiento. La diferencia entre el universo de las cooperativas y los modelos T consultados por SOY, es que la totalidad de estos últimos incluyen dentro de sus proyectos estadías de formación, teniendo en cuenta que muchas personas travestis y trans, sobre todo las mayores de 25 años, tuvieron dificultades de todo tipo para acceder a la educación formal o el aprendizaje de un oficio.

Dentro de lo favorable del trabajo cooperativo está que no hay jefes y eso genera, en los mejores casos, un compromiso y cierta hermandad: una familia laboral, un espacio de contención. Entre los puntos difíciles, al sostenerse fuera del mercado de capitales tradicional, cada pérdida o dificultad de la empresa tiene impacto mayor, haciendo que muchos proyectos queden en el camino. Por otro lado, ser rentable a baja escala no es lo mismo que para una gran empresa, por lo que hacer líneas de producción competitivas pide más esfuerzos. Un empujón para las cooperativas T que se sostienen en el tiempo, fue que muchas lograron acuerdos de venta con el Estado, produciendo insumos para hospitales, colegios o colaborando en producciones culturales. Pero en el último año, y en esto hay coincidencias, la caída de las ventas y un vaciamiento de incentivos está volviendo más compleja la actividad. “A las compañeras no les alcanza con lo que ganan en la cooperativa y lamentablemente muchas tienen que pararse en una esquina para poder ganarse el peso y llegar a pagar las cuentas”, explicó Cintia Anahí Pili, coordinadora de la cooperativa textil marplatense Claudia Pía Baudracco, integrante del movimiento social Atahualpa.

Otra variante amiga de las cooperativas T, y en algunos casos un paso posterior, es emprender un negocio por cuenta propia, asumiendo la responsabilidad de dedicarle una porción del día a buscar clientes y manejar una caja chica para la compra de materias primas. Desde Ar/tv trans (primera experiencia de arte y teatro) pasando por imprentas, peluquerías y proyectos textiles administrados por personas T, hay muchos casos que funcionan a pesar de las adversidades. Pensando que en época de fiestas se hacen filas y amontonamientos para buscar regalos, SOY preguntó precio entre algunas cooperativas y emprendedores para armar una lista a su medida.
Ciudad de Buenos Aires

La cooperativa Estilo Diversa tiene varias opciones en materia textil y ofrecen ropa de gala a medida. Estas fiestas relanzan una prenda que ya es un clásico de su catálogo y se podría pensar como un objeto de diseño queer: no es pollera, ni vestido, ni blusa y es todo eso a la vez. Ocho formas de ponerse en una. “En Diversa se pueden conseguir todo tipo de talles y el precio, más allá de ser un producto bueno, no es exagerado. Desde la cooperativa y el conjunto de las personas que integramos la economía popular vamos camino a sacar del imaginario de la sociedad que el producto cooperativo es barato y malo. Trabajamos con terminaciones que tiene cualquier marca de renombre”, explicó Soledad Pilar Gómez.

Hace casi cinco años que La Paquito está presente con su local en el barrio porteño de La Boca, donde hacen trabajos de gráfica profesional de todo tipo. “Además de los modelos que se ofrecen, si alguien desea un artículo con otro estampado, puede darnos la foto y lo hacemos en el momento. Todo lo que producimos en nuestro trabajo se reinvierte en lo que compramos para equiparnos: no tenemos cuentas en Panamá, plazos fijos ni cuentas ocultas en dólares. A quienes nos compren, sepan que todas las ganancias van para nuestra vida personal o la reinversión en otros productores locales”, explicó Diana Marisa Lavalle, de La Paquito.

En Mar del Plata las opciones textiles son muchas: manteles, almohadones, vestidos livianos o modelos a medida. “En 2012, después de la ley de identidad de género, entendimos que teníamos un piso para conquistar otros derechos, entre ellos el trabajo. Empezamos a convocar en las llamadas zonas rojas a personas en situación de prostitución y el movimiento Atahualpa nos prestó dos máquinas para poder capacitarnos. Ahora, queremos profundizar y avanzar en las competencias laborales para una real inserción laboral. La identidad de género es un reconocimiento, pero sabemos que ese documento no posibilita tener un empleo”, dijo Pili, de la Cooperativa Claudia Pía Baudracco.

Mónica Astorga es parte de la Orden Carmelitas Descalzas y una misionera reconocida por las personas travestis y trans de Neuquén, a las que les acerca herramientas para que aprendan oficios y tengan alternativas laborales a la prostitución. Cerca del templo construyeron “La Casita”, que sirve de refugio e impulsa talleres de cocina, diseños en tela y manualidades sobre cerámica. “Tener un trabajo genera la posibilidad de sentirse valoradas y entender que pueden llevar algo adelante, más allá del lugar en el que las sepultamos en la vida desde la sociedad, el Estado y la iglesia, diciendo que no sirven más que para prostitutas. En este espacio cada una se fue perfeccionando en sus talleres en lo que más le gustaba, para poder llevarlo a la práctica y tener una fuente de ingresos”, contó Astorga.

Hace menos de un mes abrió el centro de belleza Las charapas, iniciativa de un grupo de mujeres trans que se capacitaron en cursos de peluquería y estética para encarar su propio emprendimiento. “La sociedad se encargó de perseguirnos con prejuicios, ahora es momento de hacerse cargo de que no se generan propuestas para salir de esos lugares a los que habíamos sido confinadas, ya sea por la falta de políticas públicas del Estado como por parte de la sociedad, que refuerza el discurso que estigmatiza. Para cambiar algo de esta situación invitamos a que conozcan el trabajo que hacemos”, dijeron las peluqueras Ariana Linares Araujo y Andrea Vargas Sinarahua.

La Cooperativa 23 de febrero se dedica durante todo el año a la producción textil en serie. Para estas fiestas preparó alternativas para decorar la casa en rojo, verde y dorado. “Generalmente las personas trans no tienen trabajo estable o directamente no tienen oportunidad de trabajo. Por eso es que estamos reclamando en todo el país el cupo laboral trans y, hasta el momento, una forma de sustentarse es a través del trabajo que hacemos en las cooperativas Por otro lado se trata de personas productoras regionales, que producen y la pelean en el lugar”, dijo Daniela Andrade, integrante de la cooperativa.

Impresiones del Sur comparte espacio donde produce 23 de febrero y se especializa en trabajos de imprenta y gráfica. Según Nahuel Agustín Borquez, uno de sus integrantes, “al comprar a una cooperativa se está dando una mano a personas que se unieron con el mismo objetivo: el tener un trabajo digno. Más en nuestro caso, que somos personas trans en su mayoría y nos cuesta conseguir empleo por la ignorancia que suele haber hacia nuestra comunidad. Tenemos precios más bajos que cualquier otro comercio, porque somos productores y todo lo que diseñamos es personalizado”.

En el corazón de San Telmo se encuentra Lara María Atelier, siempre listo tanto para arreglos al paso como para delicados diseños de sastre a medida. Estas fiestas el trendy que ofrece es el “cheapon”, un estilo de poncho súper liviano en gasa o seda, ideal para la elegancia en épocas de calor. Queda bien tanto con pantalón como con pollera. O, por ejemplo en la playa, directo sobre la malla.

Carla Morales Ríos tiene fama de hacer las mejores empanadas salteñas en Buenos Aires y los más ricos sándwiches caseros de verdura. Para estas fiestas está recibiendo pedidos y, según cuentan, esta mano norteña tiene habilidades también para el pan dulce navideño (bien cargado de frutos secos).



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